La decisión ya estaba tomada. Angélica está nerviosa, pero ya no puede hacer nada, ya se siente adormilada. Por más que intentara, no podrá moverse, ni hablar, ni mucho menos reclamar. No podrá detener lo que está pasando frente a ella.
Sus primeros cálculos eran conservadores, bueno, eso pensaba Angélica: “Sí, no es mucho”, se excusaba, “Es más, pudiera ser un poco más”. Incluso, antes de decidir, ya estaba animada por unas de medio kilo, pero pensando en que se iba a notar demasiado, optó por “sólo” 250 gramos.
Angélica se levanta con un gran peso en su pecho, literalmente. De 250 gramos cada una, medio kilogramo en total. Angélica se mira en el espejo, ya no será la mujer de figura plana que tanto le atormentaba.
Carlos Martín, el Director
250 gramos cada una
domingo, 29 de marzo de 2009 | Publicado por Rich en 3:59 p. m. 10 comentarios
Etiquetas: Metamorfosis
Catársis y Ging Tónics
El pueblo había cambiado mucho desde la última vez que fuí con él en nuestra luna de miel. Grandes edificios blancos, enormes adefesios de ladrillos gigantes hechos de cemento y vidrio que miraban directamente hacia mi relucientes, hoy me parecen tan cuadrados y grises como búnkers, a sus pies como hormiguitas, montones de bares y changarritos anunciando con cartulinas fosforecentes baratas sus viandas con letras estridentes justo para llamar más la atención, sobre todo con las faltas ortográficas.
El fin de semana después de firmar el divorcio escapé por fin de todo cerré la oficina, dejé los pendientes apilados en el locker del gimnasio, me hice una maleta con tres mudas de ropa y me subí al auto. Después de 6 horas de viaje pude sentarme sola en la terraza del único bar que encontré, pedí un vaso de vino tras otro, estaba decidida a beberme mi fastidio, pero no puedo recordar a ciencia cierta en realidad cuantos me bebí, debo haber perdido la cuenta de los gintonics.
Bebiendo vasos y vasos lentamente, me acordaba de él, y la manera en que trasladó nuestros sueños a vagas excusas ahogadas en mentiras, y justo como se transformó en un moustruo poco a poco, por alguna razón terminaba alterado, acusándome de celotipia y su bancarrota prematura lo llevó a beber sin control.
Hui de mi, Huia de él, de su mal humor, de los insultos, de su manera de beber, su voz aguardientosa y su aliento pestilente, las manos sucias con las que pretendía tocarme, ese equilibrio absurdo y su mirada brusca. Es curioso que ahora para no estar sola, veo pasar las horas sin alterar un ápice de esos momentos tan poco entrañables, me propongo entender ahora ahogándome en botellas.
Mientras miraba aquella enorme extensión que contrastaba con el cielo y conforme pasaban las horas ese mismo paisaje iba cambiando de color. Ahora entendía un poco mejor como hacían los pintores desde el manierismo hasta los impresionistas. El cielo fue tornándose alternativamente celeste, luego añil, azul indigo, cobalto, azulón , violeta y pensaba en el color de la botella, esmeralda y al final verdinegro. Mi semblante adquirió un matiz cremoso poco a poco con gris por añadidura entre ocres, castaños y pardos rojizos.
Creo que comenzé a sentime mareada pues el paisaje de pronto lo miraba cual caleidoscopio en un delirio cromático. Finalmente cayó la noche y todos los colores se fundieron en uno solo, salvo algunas farolas que alumbraron mi camino de regreso a la cabaña, la verdad no pude contener las ganas de contar las estrellas que me tope, el cielo estaba fantásticamente plagado.
Debieron pasar un par de horas y tenía frio. Me asomé por un ventanal y no había ni un alma sólo yo, el agua y todas las estrellas asomadas como vigilándome; Me di cuenta que comenzó a llover y había unas sutilisimas lineas blancas que el agua hacía dejando surcos ente las piedras iban dejando marcadas a la orilla, que se deslizaban y desaparecìan al unísono de la otra que le seguia. Empezé a pensar que podría caminar bajo el agua, caminar y caminar hasta que ya no tocara el fondo. Tenía ganas de ahogar el llanto y terminar con todo.
pensaba que si resistes la natural urgencia de salir a la superficie y respirar, la muerte por asfixia en el agua es la menos dolorosa de las que existen. Es incluso placentera. Una muerte dulce. La carencia de oxigeno produce alucinaciones y uno se va desvaneciendo en una especie de extasis, sin enterarse. Quisiera huir a un país submarino donde el ánimo amedrentado, los malos pensamientos, la depresión, las deslealtades, las traiciones, los rencores, los amores perdidos o desafortunados, la amargura, la melancolìa y las ganas constantes de llorar no tengan cabida.
Miraba con ganas la penumbra que proporcionaba y que la muerte puede poder proporcionar. pero nunca iba a tener el valor de ahogarme y sinceramente sentía un intenso deseo de acabar con todo, pero no tenía fuerza de voluntad necesaria para acabar realmente con la pesadumbre, siempre me acobardé quizá por eso duré tanto con él.
No tenía ninguna razón por la cual divagar si seguir viviendo, pero tampoco sufría demasiado o con la suficiente intensidad para determinar mi destino de un modo fatal y dejar de respirar por voluntad propia. Una vez después de que me golpeó la primera vez, comenzé a tener miedo, no me daba miedo morir. No sé que me pasaba por la cabeza, pero en realidad lo único que me daba cuenta es que tuve mucho miedo de seguir viviendo.
Lo siguiente que recuerdo es despertar entumecida, con la boca seca como corcho y un repicar intermitente en las sienes, el sol que ya estaba bastante alto en el cielo y tocaba ligeramente el borde de la cama rozaba mis dedos de los pies y las piernas. Me quedé dormida, con la conciencia embotada por el vino, para cuando me ví en el espejo me di cuenta que yo no tenía este rostro ni estos ojos tan calmos. Yo no advertí este cambio ni me di cuenta en que momento me convertí en esta mujer de ojos vacios y labios amargos.
Yo no tenía estas manos sin fuerza, tan detenidas y frías, no tenía este corazón que ya ni se muestra, no sé como es que llegué hasta aquí sin darme cuenta.
Tårita teripaia
sábado, 28 de marzo de 2009 | Publicado por Rich en 3:00 a. m. 17 comentarios
Etiquetas: Jolie, Metamorfosis
Un día cualquiera
¡Vaya si me ha costado levantarme! Tal pareciera que... ¡Aaaaaahhhhh! ¡Aaaahh! ¡Una cucaracha! ¡Una cucaracha en el espejo sobre el labamanos! Una cuc... ¿de 1.80 y con barba de candado? ¡Oh, por dios! No puede ser, me he convertido en... ¡oh, por dios!
Lo del baño no parece ahora tan buena idea. Mientras me arrastro de regreso a la recámara pienso que esto debe ser temporal. ¡Si, antes de darme cuenta de seguro estare de regreso a la normalidad!
Como pude me subí al auto y conduje hasta la oficina. El viaje ha sido incomodo pero ya estoy aquí. Me escabullo discretamente hasta mi escritorio, esperando que nadie me note y enciendo mi computadora.
viernes, 27 de marzo de 2009 | Publicado por Rich en 1:01 a. m. 12 comentarios
Etiquetas: Générique, Metamorfosis
Espejos, mujeres y fotos
Aquello que había que ver, la realidad detrás de mis ojos yo no podría haberlo apreciado entonces. No sé si ahora.
Me paré frente al espejo para entender de qué era lo que hablaban los adultos de mi familia pero yo sólo veía a un niño divertido, un muchachito despeinado y loco que apenas tenía la paciencia para perder dos minutos frente a ese cristal. Pero mis ojos no me decían nada, eran lo mismo que yo veía cada día y de esa pureza que hablaban yo no encontraba rastro. Debo haber sido muy chico y no estaba preparado para conocerme así como no lo está cualquiera que intente ver su vida de frente. Nunca noté la transparencia y el brillo sin mancha que había ahí.
***
Aquella vez que Sara mi novia y yo nos escapamos a la playa recuerdo que me levanté como a las 7 de la mañana y en el baño del hotelucho me quedé mirándo mi reflejo. Recuerdo aquel desaliñado adolescente que me enfrenba en el reflejo. Me veía yo mismo recordando “mírame, pero mírame a los ojos” las palabras que mi entonces primera amante me decía cuando teníamos sexo y yo dentro de ella frente a frente no dejaba de moverme incontrolable y miraba hacia mil lugares diferentes. '¿Por qué demonios quiere que la esté viendo todo el tiempo?', me acerqué más para tratar de encontrar lo indescubrible pero lo único que me pareció ver fueron los sobrantes de la marihuana de la noche anterior. En ningún momento me percaté de que aquel niño de antaño se había hundido para siempre en estos nuevos ojos de hambre inagotable e ingenua lujuria.
***
No pude reconocer verazmente el abismo que se abría en mi mirar cuando aquel día en el hospital me metí a un cuarto desocupado tratando de asimilar a solas el hecho de que mi hermano dos años mayor que yo, de 26, estaba a punto de morir de cáncer. Me refugié ahí tratando de no torturar más a mis destrozados padres pero la visión de ese desconocido que encontré en la luna del vestidor de ese dormitorio acaparó toda atención, los ojos de derrumbe, de miedo congelado, los mismos que no se fueron ya hasta el día del entierro cuando me tuve que ocultar esta vez en mi auto para dejar salir el llanto que me mataba y no podía contener más atestiguado por el retrovisor que inevitablemente me hizo ver hacia atrás de muchas maneras diferentes.
***
El dia en que me dieron la dirección del departamento de Relaciones Públicas de la transnacional para la que trabajaba entonces muchos me felicitaron con expresiones que habran sido honestas unas, otras no, incluso en mi casa, pero recuerdo que ahí en un pequeño festejo mi abuela tomó una foto mía reciente y juiciosa la observó en silencio, conociéndola le pregunté qué sucedía, “no me gustan tus ojos”, me dijo, “son ojos de demasiada ambición, no queda nada de lo que eras antes”. En otro esa opinión no me hubiera importado pero viniendo de ella me dio temor y contemplé el retrato. Una vez más nada vi, sólo un hombre que eso sí me fue desconocido. Pero pudo más mi orgullo que las preguntas.
***
Ahora sé que estaba tan poco consciente de ciertos sentimientos que no distinguí mi propia entrega cuando vi mi rostro reflejado en los azules ojos de Silvia mi esposa. Sus brillante vista me distría y aunque trataba de verme en su destello nunca lo logré realmente. Sí recuerdo que mis amigos me hacían bromas y me decían “hasta los ojos te brillan de felicidad”. Pero para mí el contemplar a mi mujer lo que acaparaba todo. Me pregunto si ella se habrá visto reflejada en los míos, si tendría la suspicacia de ponerse atención a sí misma. No sé. Recuerdo en cambio el rostro de desolación cuando sentado en la cama del que había sido nuestro cuarto me vi reflejado en aquel espejo de cuerpo entero el día en que nos separamos. No entedía lo que veía pero noté los ojos de un hombre perdido al que le habían arrancado algo que jamás recuperará.
***
La vida que a todo lo que ofrece le pone un precio alto me dejó ir subiendo profesionalmente y ocupar cargos cada vez más importantes; ejecutivos, literales del verbo ejecutar. Aquella mañana me levanté entre hipnotizado y miserable, convencido, dudoso, nervioso y seguro. La compañía me dio una responsabilidad y tenía que cumplir con el principio natural de aniquilar al individuo para sostener la especie. Cuando anuncié ante la mesa directiva mi decisión de sacar del trance económico a la empresa despidiendo a 300 empleados de todos los niveles pude ver las caras petrificadas de mis escuchas, los principales inversionistas me apoyaban sin embargo y en ellos sólo había una especie de sonrisa condescendiente. Esa tarde desde mi oficina en aquel piso 16 miraba yo hacia la calle y las luces me hicieron darme cuenta de mi reflejo en el vidrio. Me fueron presentados esos ojos de hielo vacío y ártico.
* **
Tras mucho tiempo de no caminar por el centro de la ciudad lo hice aquel día, ahora lo sé, para tratar de reconocerme entre los años y la multitud, para ver si estando conmigo rodeado de la sencillez reencontraba mi camino, una explicación, un mañana quizá menos promisorio pero un poco más mágico que me devolviera algo de esa vida de la que casi ya no recordaba nada. Pero de todas las vitrinas a las que me asomé lo que más me llamó la antención fue la imagen refractada de ese hombre aislado de mirada desconocida y futuro previsible.
***
Hoy llegué a mi casa y regresé al espejo con el único propósito de ver mis ojos como aquel lejano día cuando era niño, quizá por la concentración de la que ahora soy capaz o por las dádivas de la edad pude por fin observar certeramente el hecho extraño. Mi mirar pareciera ser de una misteriosa piedra en la cual se puede ver a través. Una roca dura e inquebrantable que se sirvió de golpes, viento y adversidad para llegar a su dureza pero que al mismo tiempo pareciera tener la propiedad de dejar ver tras de sí una sucesiva cortina de días y sentimientos que van y vienen sin orden ni final. Y me pregunto si los he de ver otra vez cambiar. Si la mutabilidad de la circunstancia podrá dar nueva materia a esta mirada que veo pero que otra vez no entiendo. Será cuestión de tiempo. Si la naturaleza convierte la piedra en polvo, ¿estaré adivinando el destino?.
Dicen que los ojos son el reflejo del alma. Yo les contesto a aquellos que el alma es el reflejo de la aridez y la indulgencia, de las ilusiones que nos han provisto, de los elementos que nos sometieron.
Reflejos, mujeres y fotografías me han contado mi propia historia, una que ya no le consta verdaderamente a nadie más que a la memoria de las cosas que he visto, la imagen susesiva de mi vida. Son mis ojos, estas dos incógnitas ventanas que hoy contemplo, los únicos reales vestigios del proceso del cambio, del camino entre aquel jovencito despeinado y este hombre impenetrable y esquivo que hoy se planta frente a mí.
miércoles, 25 de marzo de 2009 | Publicado por Rich en 10:50 a. m. 26 comentarios
Etiquetas: MauVenom, Metamorfosis
La de Kafka
Cuando éramos niños mi papá intento hacernos personas de bien, empezando por inculcarnos la lectura.
Nos compro una enciclopedia de cuentos infantiles, nos pedía que leyéramos uno y por la noche durante la cena se lo contáramos. Yo elegía el mío y esperaba ansiosa a que me tocara mi turno, aunque después de unos días no tenía que esperar nada porque simple y sencillamente a mis hermanos no les intereso y dejaron de leer.
Creo que lo que me gustaba era imaginarme dentro del cuento y pensar que todas esas historias de hadas y princesas podían ser verdad. Hasta a mi mascota, que era una perra marca libre, la adivinaba como una bruja buena que me cuidaba de mis travesuras.
Pero pocos meses me duraron los tomos y empecé a buscar por otro lado.
Fui a una feria del libro con mi papá y ahí compre mis primeros dos libros.
Mujercitas, de Louisa May Alcott, por supuesto yo me imaginaba en Jo, que era rebelde y medio loca, me subía a los árboles y les pegaba a los niños en mi actitud machorra que según yo se parecía al personaje. Hasta quedaba con el número de hermanos que éramos, claro, tenía que convertir a los dos menores en niñas, pero no importaba porque en características se parecían, y si les daba dinero se dejaban poner una falda, por unos minutos claro, después me daban golpes.
¿Cuál fue el otro libro?, ni mas ni menos que la metamorfosis de Franz Kafka, ¿porque lo elegí?, no lo sé, no tenía yo en la primaria mayores referencias, vi una ilustración de un enorme escarabajo en la portada, se lo enseñe a mi papá que me miro extrañado y me dijo que si, que lo llevará.
Como aplica un libro existencialista en una niña de 9 años, no sé si entendí la esencia de la vida, pero me hizo tener pesadillas horribles convirtiéndome en ellas en escarabajo.
Aún así lo seguí leyendo. Me iba a la escuela caminando lentamente con mi gran caparazón en la espalda (que en realidad era mi mochila), llegaba al salón, veía a mis compañeros con rostro indiferente y no les hablaba, lo que los asustaba un poco, pero pensaba que los animales no hablan y menos uno tan feo como el que yo era.
No paso mucho tiempo antes de que mis amigas se cansaran de mi mutismo y se fueran a jugar a otro lado y claro, tampoco paso mucho tiempo para que yo viera que era mas divertido jugar resorte que quedarme acostada de lado en una banca porque mis patas no sostenían mi cuerpo.
Rápidamente, como buena niña olvide mi anterior transformación, cayeron otro libros en mis manos y no se me ha antojado volver a leer el porque Gregor decidió dejar de cargar con la responsabilidad de su familia y transformarse en ese ser codependiente. No lo sé y no lo quiero saber.
Ahora estoy leyendo El retrato de Dorian Gray…
martes, 24 de marzo de 2009 | Publicado por Rich en 11:24 a. m. 22 comentarios
Etiquetas: Metamorfosis, NTQVCA
El sordo
Y todo por aprovechado. Yo sólo le di una patada en la oreja izquierda, pero el Gordo insiste en que la patada se la di en la derecha. Sigo en la maldita incertidumbre, mañana es domingo, el día en que veo al Gordo.
Y todo por aprovechar el momento, la situación, el desquite. Por eso el pinche Gordo me quiere matar, por manchado- yo, no él.
Aunque hace unos días escuché (todavía poseo ese sentido) que me quería, al menos, cortar las dos orejas (como si yo fuera un bravo toro de lidia, que de bravo no tengo nada), además de que quería disparar su calibre 45 a medio centímetro de mi oreja, y que, por azares del destino o por pura y mera casualidad la bala se desviara ese medio centímetro, no sería culpa del Gordo, sino mía... eso escuche, que todavía lo hago, insisto.
Maldita ley del talión, ojo por ojo, oreja por oreja. Pero suplico, yo lo patee en la izquierda, y, que yo sepa, por ese hoyo carnoso todavía puede escuchar.
Y todo por ser un maldito aprovechado. Si tan sólo le hubiera pateado el costado o una pierna yo estaría sufriendo una costilla rota o un moretón, no una mutilación auricular.
El momento... en el momento uno no piensa las cosas. Pero es que el pinche Gordo es tan buen jefe, de esos que todo lo perdona. Incluso es llevado y aguanta la burla con el grupo. Los apodos no le molestan ni los golpes de cuates. Pero ese día... ese día.
Ese día el Gordo, nuestro jefe, tuvo la mala fortuna de contar un mal chiste, situación que un pinche resentido del grupo (y no fui yo, aclaro) aprovechó para gritar: “Pamba por pendejo”.
Ese día que escuché cómo su oído izquierdo tronó como cuando aplastas un alacrán con la planta de la bota... ¿o sería su oído derecho el que escuché?
Carlos Martín, El Director
lunes, 23 de marzo de 2009 | Publicado por Rich en 3:08 p. m. 4 comentarios
Etiquetas: "un día en el diario de"
Entre Trincheras
Adorada Marlene:
Te conocí una noche a bordo de ese Crucero era 1934 los números y el azar jugaron concretamente en un coqueteo caprichoso, recíproco y creo que me he enfermado de escribirte tanto. Contigo he aprendido que las historias de amor son un temporal a destiempo, ocasiona que se formen rejas en las niñas de los ojos, cada pequeña historia de amor que se cierra es como un abanico donde la pasión que no se sincroniza nos puede llenar de miedos e inseguridades al unísono.
Creo que en todos estos días he llegado a tocar fondo, soy como ese suicida fracasado del cuál se mofan pues mejor se sale del agua porque se da cuenta que esta muy fría.
Es como un naufragio inconcluso y muchas veces te deja nadando en el propio llanto...
Los dos hemos atravesado momentos de lo más amargos, y no me refiero únicamente a la guerra. Las guerras son lo de menos. Pero la vida, en general, es la parte más dura. Cuando piensas en mí, y yo en ti ¿crees que habremos desafiado al tiempo y al espacio?
ese mismo tiempo y ese mismo espacio que nos ha mantenido separados, pero tan unidos a la vez, intentando doblegarme (hablo por mi) sin conseguirlo, sin poder ni tan siquiera acercarse a nuestras mentes para borrar los recuerdos.
Cuando veas un rayo de sol distinto del resto, que se retuerce por entre la persiana de tu habitación para acariciar tu rostro o simplemente se cuela y roza tus manos....entonces piensa en mí cuando veas la lluvia torrencial o mansa que es apenas perceptible por los poros de tu piel....ese olor a tierra mojada, el canto de los pajaros justo al amanecer... piensa en mi un poco, quizá asi no estaremos tan lejos el uno del otro, justo del otro lado yo estaré haciendo lo mismo.
Apuesto que te estás poniendo tan hermosa que tendrán que sacar fotografías de tu pasaporte de 9 pies de altura. ¿Qué es lo que realmente quieres hacer en tu vida? ¿Romper el corazón de todos por una moneda de diez centavos? Siempre podrías romper el mío por una de cinco centavos y yo pondría la moneda.
Hasta en contra mía soy el mejor, a veces por momentos podría sentir que no puedo escribir más pero me reprimo ese mal edicto y continuo tan solo por esto que siento y que ahora mismo redacto.
Al otro lado del Río y la sombra de los árboles.
Ernest Hemingway
sábado, 21 de marzo de 2009 | Publicado por Rich en 3:00 a. m. 12 comentarios
Etiquetas: "un día en el diario de", Jolie