Burla roja

No me gusta ver los semáforos. Sé que el semáforo está en verde porque el vehículo de atrás hizo sonar su claxon. Avanzo, un poco atarantado por la botella y media de vino tinto que consumí en la cena. La chica que va a mi lado no para de hablar, pero no la escucho. Se ríe... sonrío por cortesía.

Me paro en el siguiente semáforo. Espero a que el coche de atrás me apure. No sucede nada. La chica que va conmigo lleva una minifalda gris. Me gusta su faldita gris. Veo sus piernas. Un par de luces altas me encandilan por el espejo retrovisor. Acelero, mareado por el vino tinto.

Hipnotizado, veo las luces direccionales del coche que va frente al mío. Me gustan porque son amarillas. No me gustan las luces de freno. Detengo mi auto. De nuevo, la chica comienza a hablar. Mi vista sigue observando su falda gris y el par de piernas que de ella salen.

—Dalton, ¿te gusta mi falda roja?— me pregunta la chica de la falda gris... Pinche burla del destino... pienso.

El coche de atrás hace sonar su claxon. Sé que el gris se apagó. Se encendió el verde en el semáforo. Presiono el acelerador de mi auto deportivo, que apropósito es gris... quiero creer que es gris.

Carlos Martín, El Director

Inspiración Incolora

Esta mañana el único pájaro que me quedaba se ha roto hasta apagarse, con el gris de la tarde
ojalá me des una excusa para que me salve un tinte azul o un croma violáceo como en S. O . S.

Desde dentro los matices se palpan como en un pentagrama, escuchas los cuadros y en una bitacora cromática el brillo resurge por magia. Ya lo decía Vatel, del contraste y la Armonía se puede rescatar la belleza de las cosas, es música para la vista es un equilibrio puro y total.

Desde mi pentagrama personal el color son las notas donde el verde equilibra a los cipreses que pinta Van gogh en sus atardeceres, repitiendo al unísono en amarillos de Kandinsky, las manchas de color contundentes con Rothko o los paisajes triangulares de Remedios Varo, sobre frios rectángulos, de relojes sonoros con Dalí me poso frente al caballete y no consigo ni un trazo convincente.

La habitación Saturada de rojas cortinas con azul añil combinado me recuerdan a un gran salón Barroco y convoco la intensidad emocional con que el cromatismo se debe aferrar a el lienzo. Entre toda esa profusión, lo textural de los colores emana sin prejuicios temáticos, a veces ricos, suntuosos, altos contrastes.

Al inicio todo es simbólico, dinamico y espontáneo no hay una idea por la cual irse mas que el croma de la intuición, pero todo se satura y me contagio de antonía sin ritmo y comienzo de nuevo, pienso en ti y pienso como a veces las cosas se tuercen, y te encuentras frente a este desierto abierto, luminoso e intenso con tonos ocres y amarillos rojizos...con el semblante de hielo mudo y el coraje puesto en una paleta de colores frios, siempre dices que el camino se hace andando pero un desierto es un desierto aun en tonos dorados. Hoy llevo puesto mi vestido tierno ese que guardaba celosamente para ti, miraba palidecer mi cara y por un instante frente al espejo opaco, recordé esos rostros de madonnas. Un autoretrato de pasteles claros con aire inocente, como de las muñecas de porcelana frágil y con la mirada vidriosa.

Y encontré la casa dorada como un jarro de miel, como esos blancos de yeso recargados para opacar lo natural entre espejos y vidrios como el Rococó en plan exagerado.

Hoy, miré el cielo tremulo y gris ya no era como cuando el cielo ascendía de nuevo sobre mi árbol verde, ese parecido al del impresionismo, he arrancado de un soplo el único pájaro que tenía. Cuando se alejaba, parecía que el alma se me llenaba de plumas y yo solo queria decirte que queria alcanzarte hasta alla volteé a mirar y un solo pájaro atravesó la mañana de tonos malvas, ahora debe de estar desangrándose en el tejado oscuro de tu casa, dejando una mancha roja de tonalidad fuerte e intensa.

Hoy, cuando abri los ojos me di cuenta que la espátula había rasgado el lienzo, si algún buen pintor pudiera posesionarse de mi... definitivamente no convocaría a farsantes

¿Bob Ross?


Odio los árboles felices.

Diálogos de Color

Las luces que hasta ahora habían estado iluminando a la audiencia se atenuaron y al tiempo que el pegajoso tema musical del programa comenzaba a sonar, luces de colores comenzaron a bailar sobre el escenario y se escuchó la potente voz del anunciador:

–“Bienvenidos a su programa favorito ¡Diálogos de Colooooor! Y demos la bienvenida a nuestra anfitriona ¡Deborah Testa!”

Con lo cual un potente reflector alumbró un lado del escenario, por donde entró la anunciada conductora: una atractiva mujer de grandes ojos verdes y blanquísima piel que contrastaba con su obscura cabellera. Llevaba un diminuto vestido rojo con un ancho cinturón negro que acentuaba su brevísima cintura, tacones altos que hacían que sus largas piernas se vieran aún más largas, un discreto collar de perlas y un broche en el cabello.

Deborah entró al escenario agitando ambas manos por encima de su cabeza saludando a el público, en su mayoría hombres, que se habían puesto en pié y continuaban aplaudiendo. Los aplausos cedieron al tiempo que Deborah tomó asiento en uno de los sillones en el centro del escenario, desde donde conversaba con sus invitados.

–“¿Están listos para recibir al invitado de esta noche?”– Preguntó Deborah a la audiencia.
–“¡Síiiiii!”– Contestó a coro el público.
–“Recibamos con un fuerte aplauso a nuestro invitado especial”

Con esto Deborah hizo un gesto con la mano, señalando hacia el otro lado del escenario; la vista del público siguió el haz de luz que proyectaba un potente reflector hacia el otro lado del escenario hasta que éste se detuvo en la puerta por la que acceden al escenario los invitados. Todo el público aplaudía y miraba hacia donde entraría el invitado, todos, menos unos cinco o seis en la primera fila, que aplaudían pero aún tenían los ojos clavados en las piernas de Deborah y esperaban ansiosos que se pusiera de nuevo de pie, para recibir al invitado.

Al momento en que el invitado apareció por la puerta todos en la sección izquierda de la audiencia aplaudieron aún más fuerte y algunos incluso gritaron de emoción, mientras que el resto del público cesó de aplaudir casi instantáneamente, la mayoría de aquellos en la sección del centro y algunos de la derecha abuchearon e incluso se dejaron escuchar algunos insultos. En el extremo derecho unos cuántos hombres, vestidos elegantemente, tampoco aplaudían, pero no podían disimular una socarrona sonrisa.

Tras saludar a Deborah, quien ya tomaba asiento de nuevo bajo la inquisidora mirada de cinco o seis en la primera fila, el invitado tomó asiento pesadamente.

–“Dime,”– comenzó Deborah, –“¿Cómo se define un elefante blanco? ¿Cómo te defines?”
–“Puro.”– Contestó con completa seguridad el Elefante Blanco que ocupaba asiento al lado de Deborah.
–“¿Puro?”
–“¡Puro!”– Repuso de nuevo el Elefante Blanco con ese aire de arrogancia que tienen los que se ven forzados a explicar algo completamente obvio y evidente.
–“Oooookay… pero dime ¿qué haces? ¿Para que sirves?”
–“¡Soy grande y bello! ¡Soy impresionante!”
–“…”
–“Y ¡puro!”– Interrumpió el Elefante Blanco antes de que Deborah pudiera hacer una nueva pregunta, –“soy blanco y puro.”– Finalizó con completa arrogancia.
–“¿Es verdad que costaste muchísimo?”– Continuó con la entrevista Deborah.
–“¡Por supuesto que no! ¡Rumores que inventa la gente para desprestigiarlo a uno!”
–“Dices que no es cierto… porque tengo en mi poder copia de algunos documentos que…”
–“¡Mentiras!”– Interrumpió el Elefante Blanco, –“¡Inventos de la gente! Yo no costé lo que dicen esos papeles que tienes ahí.”
–“Dinos ¿Cuál fue tu costo, entonces? ¿Y de dónde salieron estos documentos?”
–“Mira, Deborah, yo no sé de donde salieron esos documentos ¡ni me importa! Y basta con echarme un vistazo para darse cuenta que yo no pude haber costado eso.”
–“¿No?”
–“¡Claro que no! Lo que esos documentos representan no es apenas el enganche de la primera fase. Y el costo total fue una cantidad exorbitantemente ridícula.”
–“Ridículo”–, repuso Deborah con cierto asombro.
–“Sí, completamente ridículo y absurdo fue el presupuesto. Por eso soy tan grande y bello. ¡Y blanco y puro!”
–“Me imagino.”– Dijo Deborah en medio de un suspiro. Y luego se dirigió al público –“¿Qué les parece si vemos un video con la historia del Elefante Blanco?”

Una pantalla gigante descendió en un costado del escenario y por algunos minutos se proyectó la historia del Elefante Blanco, desde su concepción y planeación, pasando por los titánicos esfuerzos para su construcción, hasta su inauguración, en la que se veían hartos políticos, algunos empresarios y, al fondo, cantidad de acarreados todos con su torta en una mano y refresco en la otra.

–“Así que además del ridículo costo ¿no sirves para nada?”– Inquirió Deborah.
–“¡Por eso estamos como estamos! ¡Por eso estamos jodidos! La gente nomás no entiende.”– Chilló el Elefante Blanco.

Deborah se limitó a abrir grandes, muy grandes, sus verdes ojos, esperando que el Elefante Blanco explicara su última declaración.

–“Sí, jodidos… por eso…”– Continuó diciendo el Elefante Blanco –“al arte ¡¡¡NO-SE-LE-PONE-PRECIO!!!”– dijo acentuando cada palabra.
–“¿Arte? ¿No debieras ser funcional?”
–“¡Pero claro que funciono!”– Repuso el Elefante Blanco con cierta indignación.
–“¿Funcionas?”
–“¡Funciono!”
–“Y… ¿qué haces?”
–“¡Soy grande y bello!… ¡Y blanco y puro!”

Los ojos de Deborah se abrieron esta vez más que la vez anterior y aún más que los de unos cinco o seis sentados en primera fila y que no habían dejado de ver intensamente a Deborah en toda la noche, vaya, de estos cinco o seis, sentados en primera fila, ni siquiera se podría decir que se hubieran percatado del invitado.

–“Bueeeeno…” Dijo Deborah lentamente mientras se recuperaba del asombro. Y ahora dirigiéndose a las cámaras continuó, –“Bien amigos, eso todo por esta noche, agradecemos mucho al Elefante blanco habernos visitado; no se pierdan la próxima semana, tendremos en vivo en el estudio al Negro Futuro y las Grises Circunstancias que lo desencadenaron. Éste es su programa Diálogos de Color y yo soy su amiga Deborah Testa ¡Hasta pronto! ¡Y no se olviden de sonreír!”

En la caja

La neta si me he portado mal: aún me estremezco al recordar como recorrí el mundo diciéndole que Cinthya era una reverenda puta. Es que si, no chingues, yo tenía que contarle a toda la nación como se besuqueaba con todos, lo zorra y golfa que era, como se le arrastró a aquel muchacho tan lindo cuyo nombre también escribí en muchos cuadernos, llenándolo de corazones y poemas. Ese cabronsísimo hijo de su re puerca madre. También, en medio de lágrimas, corrí por los lugares más recónditos de la ciudad platicando su infamia.

Aunque tengo mi lado wilo pa’ que lo voy a negar. Con uno tuve algunos hijos y con otro algunos más. Nos hemos ido mezclando en este lugar hasta ser tantos como la famosa canción de The Beatles. Verme entre tantas personas tan parecidas me hace pensar sobre lo efímero de la existencia en este lugar, como puedo ser olvidada o suplantada con alguien más. Pero no pasará, soy indispensable para cada una de las obras del artista pues nadie realizará el trabajo con la pasión y el amor que yo lo hago. Recuerdo aquella vez que se me razgó el vestido… ¡la pobre se enojó por horas! Tuvo que ir con mamá a pedir ayuda, hasta que la señora decidió que era una mejor idea que yo fuera desnuda por la vida. Al principio si me dio un chingo de vergüenza, pero ahorita ya no hay pedo, me he acostumbrado a sentir el aire en mis partecillas y nadie se asombra por eso.

Soy una chulada muy diestra en lo que hago. Te he llevado infinidad de veces al cielo estrellado con media luna de las noches oscuras , de los descansos eternos; en mis días haz tenido el mar más claro y hermoso que tus pobres y mortales ojos podrán ver en su triste, patética y opaca vida. Puedo transformar un conejo cualquiera en algo digno de museo, en algo que nunca podrás tocar pero tampoco olvidarás, puedo transformar tu alegría en nostalgia, en tranquilidad y en tantas cosas como a mi se me antoje.

Pero ahora ya no soy útil, a cada rayón se me iba la vida. Cada centímetro de mi piel que se quedaba en cualquier superficie dejaba vestigios de mi orgullosa originalidad, de mi calidad de única, de mi porte básico, de mi lugar privilegiado en la pantonera. Porque no todas las crayolas azules somos iguales.

Este hombre que les describo


Este niño del que les hablo estaba impresionado con el color verde por la simple razón de que así era el auto de la casa, en la escuela sin embargo admiraba el negro de la tinta con que escribía porque lo hacía sentirse mayor y responsable, le daba un aire de seriedad a sus letras, aunque la pluma roja por otro lado tenía una fuerza especial por su capacidad de hacer que todo se viera importante y urgente. Había también quedado admirado por una mariposa azul eléctrico que vio y más que fascinado con las luces neon de aquellas dos ciudades, le gustaba imaginar que en su casa habría de esas algún día . Otro verde presente era el de los ojos de su madre que todo mundo alababa pero que al chico éste se le hacían muy normal como los azules de su padre, problablemente por la costumbre, en cambio la mirada gris profundo del abuelo sí era interesante. A este niño le compraron mil pinturas de diversos tipos y con todas ensayó, mezcló y por algún primario momento atravezó su mente la idea de dedicarse a las artes gráficas, pero no, porque el inventario ofrecido por la naturaleza o la tecnología era insuperable y ninguno de esos profesionales lápices lo pudo igualar nunca.

Pero impresionante; la policromía de los peces vistos a través del agua cristalina del acuario.

Este adolescente del que les platico descubrió que el color negro que tanto admiraba al reflejarse en la sala laqueada casi como piano era fuerte y retador como sus propias emociones y el volcán que nacía dentro de él. La estética de aquellos años ayudó considerablemente a crecer la manía y el clóset, los muebles, aparatos, lo que llegara se tornó negro. Incluso sus amigos se hicieron de este color para acordes todos caminar por la calle en un uniforme estado de protesta volcada en lo que pretendió ser un reclamo elegante, una variedad de rebeldía con clase. Pero de aquellos días se quedaron también los ojos obscuros de aquella chica que fue obsesión, el blanco impoluto de las paredes que resaltaban todo, el azul de la aerolínea que lo llevó y lo trajo, el color cobre de la propia piel quemada por el sol y el logotipo de un perfume siempre presente que justamente lleva nombre de colores.

Pero único; el negro en aquel gato irrepetible que fue el compañero de toda la vida.

Este joven del que les cuento despertó un día sintiendo un verdadero rechazo por toda esa lobreguez que lo acompañó tiempo atrás y advirtió un gran alivio al ponerse aquellos jeans de azul muy claro casi deslavado y las playeras de colores simples que antes parecieron elementales. Probablemente fue por la vida frente al mar que el azul tomo esa importancia inmensurable y dominante como el Océano Pacífico mismo, quizá por aquel cielo de verano que todo lo demás se manchó celeste y marino. E iniciaron los años cobalto en los que alternó la tranquilidad y la tristeza, la electricidad y la fluidez, las flores del norte y las aguas del sur.

Pero extraordinario; el azul brillante de esa noche en el desierto que me vio dejar atrás el corazón.

Este hombre que les describo descubrió que aquel tranquilo azul se tornó en tristeza y entonces decidió diluirlo en la misma agua con la que regó la tierra de la cual nació este rojo que hoy domina, esta calidez que parece invadirlo todo como para amanecer de nuevo y por fin vivir un placentero esplendor que promete extender los años. Maderas claras, plantas encendidas, el pigmento de la arena... legado excesivo de esta nación sin inhibiciones que con arcilla arma paisajes. Así en el color del fuego descubro locura e ímpetu, promesas de vehemencia, un episodio que me llena de ánimos que no pronostiqué, aplomo que ha diferencia de lo que antes tuve no es frío, triste o encubierto. Me es integral a un mundo al cual al parecer finalmente pertenezco.

Pero prodigioso; el rojo del sol que veo desde esta ventana tan nueva como el destino que ahora estreno.

Antes de irnos del mundo deberíamos conseguir los óleos representativos de cada uno de los colores que marcaron una étapa importante de nuestro vivir. Poner sobre una superficie porciones de cada uno dependiendo de cuántos años fue que por turnos dominaron la visión. Con ciudado mezclarlos. Descubrir así el verdadero color de lo que fuimos. Con que tono fue que colaboramos en la obra de la vida.

Me gustaría descubrirme brillante e intenso.

Ausencia de color



Las quinceañeras, supongo, sueñan con vestidos grandes y rosas, supongo, con pasteles grandes lilas, supongo, y con montones de flores en tonos pastel que adornen su fiesta, supongo.

Y solo lo supongo porque yo en ese entonces me peleaba con mi madre pidiéndole un piano negro en lugar de todo ese mitote. Por supuesto, yo no gane la discusión y todavía recuerdo el tul almidonado y rosa de mi vestido.

Y es que desde que era niña, no me he sentido identificada con esos colores que se supone debieran ser de niñas. Yo quería todo negro, hasta mi recamara.



Hasta la universidad pude comprarme finalmente toda la ropa negra que yo quería, me gustaba más, me hacia sentir mala al caminar, y me sentia identificada con los greñudos intelectuales del edificio de Diseño. El vestir de ese color me convertía en uno de ellos.

Cuando empecé a trabajar, pensé que me vería mas ejecutiva si usaba negro, me sentía mas elegante que con las blusitas de florecitas rosas que usaban algunas compañeras.

Así me seguí hasta que un día me di cuenta que toda mi ropa era negra, toda: pantalones, vestidos, faldas, mayas, pants, tenis, zapatillas, flats, sacos, abrigos, gorras, bras, panties, todo.

Y es que yo pienso que me queda bien, si soy blanca y mi cabello es oscuro, y aparte me pongo ropa negra, todo el conjunto da un aire de misterio que me encanta. Asi nadie sabe que hay en el back.

Años y años después, engorde, mucho, muchisimo, entonces a comprar tallas extras large en color negro. Según yo era perfecto para disimular los 15 kilos de mas.



Aparte de todo, cada vez que salia a comprar ropa, me dirigia sin pensarlo a la zona de “negros”, parecia que siempre andaba con la misma, pero no, les puedo enseñar ahora mismo mi closet y veran como tengo mas de 3 sacos y esas 20 blusas todo en color black.

Cuando empezaron a fastidiarme con eso de que el negro provocaba estados de animo “indeseables” intente usar otros colores. Blanco ¡ñiac! Beige “hueva”; Azul “lindo”, no es para mi; Gris ¡aburrido!. Amarillo ¿Qué diablos dices?.

¿Que tal ese minivestido negro para mis zapatos nuevos?

No pude, creía que si usaba otro color sencillamente no era yo.



Ahora me encuentro en terrible indesición, tantos años conviviendo en ausencia de color y de pronto veo mi ropa en las mañanas y ya no quiero ponermela.

Este sábado me compre una playera de manga larga lila. Llegue a mi casa y la puse sobre el sillón, la estuve viendo toda la tarde y un rato por la noche.

Al otro día me la probé y anduve un rato por la casa, decidí salir con ella al centro comercial, camine un rato y me quede parada en la esquina para que me diera el sol con mi outfit lila. Me gustaba que el cabello se me viera mas oscuro, y la gente pasaba y me volteaba a ver. Pensé “me veo super bien”

Pasee toda la tarde y la gente me seguía con la mirada. Decidí que el lila en adelante iba a ser “el color”. No había duda.

Cuando llegue a mi casa fui a verme al espejo, me di la vuelta, y ahí fue que me di cuenta que no le había quitado la etiqueta a la playera, se veía la marca y el precio colgando de mi espalda.



De todas formas, todavía no puedo explicar porque me compre un dildo negro.



Bombón Pepe

─¿Qué? ─me cae que no entendí ni madres.
─Sí joven José, díganos cuál es el significado de la palabra “nudibranquio”, “nu, di, bran, quio”. Tienes treinta segundos para responder. Silencio en el público.
─Ehhh... viene de nudo ¿no?, y de branquios, o sea que un nudo en los branquios o bronquios, nudo en la garganta pues... ¿no?
─¡Pues no mi querido Pepe! “nudibranquio” significa... pérame... ah, aquí esta: relativo a un orden de moluscos gasterópodos marinos, sin concha y con branquias descubiertas dirigidas hacia atrás. Lo siento, tienes cien puntos menos... y ¿esto qué nos indica? Claro, ¡te vas al recorrido de la muerte! Vamos deseándole suerte a José, todos con las manos, aplaudiendo.
Méndigo bato, cómo disfruta viéndome sufrir, y mi novia allí en el público a risa y risa. No sé cómo acepté venir a este estúpido programa, me cae.
─Párate aquí mi Pepito. Dime, antes de comenzar, ¿es tu novia aquel bomboncito que está sentada allá arriba?
─Sí, Gloria, ¡hola miamor!
─¡Hola Bomboncito!
─¿Bomboncito? Si eres un palo, ¿o no público?
─Palo es lo que te voy a dar si sigues fregando... Sí, hazte pendejo, como si no me hubieras escuchado, méndigo gordo.
─Si te escuché cabroncito, y sí sigues mamando no te la vas a acabar, aquí se hace lo que yo digo.
─Uyuyuy, qué miedo, pinche marrano.
─Vamos aplaudiéndole la Gloria para que pase aquí al escenario.
─¿Ya vas a mamar cabrón? Nomás que te pases con ella.
─Tú tranquilo pinche Pepito, que si no te hago pasar el peor ridículo de tu vida.
─Hola preciosa, dinos tu nombre completo, a mí y a la cámara.
─Hola, Rosa Gloria Celeste Prieto.
Pinche Gloria, así son todas las viejas, ya deja de volarte con el marrano. Estoy esperando un besito, aunque sea. Ya quita esa sonrisa estúpida. Sí, ya saliste en la tele, ¿contenta? Ya abrazaste mucho al marrano...
─...o no Pepito?
─Perdón, estaba distraído, ¿qué pasó?
─Si, que aquí Rosita, con ese cuerpo de modelo que tiene, puede trabajar de edecán en el programa, ¿verdad público? ¿Rosita o Gloria? Cómo quieres que te digan, mi reina.
─Gloria está bien... mejor Bomboncito, como me dice Pepe.
Qué, ¿ya no soy Pepito? Pinche vieja, cómo cambia con la fama. Así son las viejas, nomás ven lana y a ya se olvidan de uno.
─Ok, Bomboncito, tú vas a ser la edecán esta noche apoyando con porras a José... que se dirige ¿a dónde público?... Correcto, a nuestro famoso “Recorrido de la muerte”.
─¡Vamos miamor! ¿Así están bien las porras Don Porky?
─Claro reinita. Un poco más de ganas y estarás del otro lado, ahora lee las instrucciones del recorrido de la muerte, fuerte y claro pa´ quel público te entienda.
Ta bien: El sujeto en cuestión iniciará el recorrido...
─No reinita, aquí es cuando dices el nombre del concursante, o sea Bombón Pepe... no se rían público, se está enseñando la pobre.
─Otra vez, pues: Bombón Pepe, mi Pepito, iniciará el recorrido en el sendero arácnido. Después pasará por la fosa de las sangüelas, o sansarangüelas... a no, sanguijuelas, perdón, y por último entrará a la jaula de los gatos salvajes, donde tendrá que rescatar a un canario... Ánimo Bomboncito.
Tan locos si creen que voy a hacer todo eso por mil baros, váyanse a la mierda, y tú, mendiga vieja volada, ahi te ves.
─Calma público... es solo una crisis de participante, veamos, ¿Quién quiere tomar el lugar de Pepe?
─Yo Don Porky, yo...
─No reinita, tú te quedas a mi lado, para ti tengo otros planes- Bien, seguimos jugando a: “El recorrido de la muerte”. Un aplauso para nuestra nueva edecán: Rosa Gloria Celeste prieto.



Carlos Martin, el Director
Octubre 2003