Hoy...

Hoy finalmente me he dado cuenta de mi error. No. Miento. Siempre he sabido cuál fue mi error, pero es hasta ahora que he reunido el valor para reconocerlo. Jamás te debí dejar. El excesivo orgullo y una buena dosis de estupidez me hicieron dejar tu lado y no ceso de arrepentirme.

Estaba tan ocupado siendo un hombre recio, de carácter y dominante, que terminé por no ver lo que tenía ami lado. Fui desconsiderado e ignoré con frecuencia tu opinión; el que alguna vez te hubieras equivocado o no estuvieras en lo correcto no justifica mi obsesión por tener siempre la razón y en vez de mostrar carácter tan sólo demostré cuán poco tolerante e incomprensivo puedo ser.

Creí que demostrarte lo que sentía era todo lo que hacía falta, pero mis demostraciones no sólo fueron pocas e inadecuadas, terminé también por no decir “te amo” tantas veces como hubiera querido hacerlo.

Me marché si decir mucho, sin una explicación y no escuché lo que querías decir; ahora salgo a beber para olvidar y sólo logro acrecentar el vació que siento. Intento llenar ese vacío con otras mujeres y si con alguna de ellas me acosté, fue a ti a quien siempre hice el amor.

Olvidé nuestra canción, por evitar que me vean con los ojos húmedos, si en el fondo la llego a escuchar de nuevo, pero nunca olvidé tu número, lo he marcado con frecuencia, pero nunca he terminado la llamada. Aún estás en mi lista de contactos y en mi correo; a diario te escribo varios mensajes y al menos un email, y cada vez los borro antes de enviarlos, porque si envío uno y no contestas ¡mi mundo se habrá acabado!

Ocasionalmente pregunto por ti a los que te conocen, lo hago aparentando indiferencia y pretendo no escuchar la respuesta, pero necesito saber de ti, siempre quisiera escuchar que tu también me extrañas y no sufrir más en la soledad. Sé que has estado mirando el teléfono con frecuencia, esperando a que suene. No esperes más. Hoy que he reunido el valor suficiente, hoy que no puedo aguantar más sin ti ¡te voy a llamar!

Sin términos ni condiciones, tan sólo quiero decirte: “¡Te amo! No sabes cuánto lo siento, ¡dame otra oportunidad!” y esperar que tú me puedas perdonar. Hoy mismo hago esa llamada ¿Qué digo hoy? ¿Puedes sentirlo? Tu teléfono está a punto de sonar ¡Ahora mismo la hago!

O la haría… Si yo fuera real. Él se marchó sin decir mucho, sin una explicación, y yo, yo soy tan sólo el recuerdo que has guardado y todo lo que desearías que él fuera.

Pero no llores más. Apaga la luz y cierra los ojos que yo estoy aquí para abrazarte hasta que te quedes dormida y mañana estaré aún aquí, a tu lado, cuando despiertes.

Por una noche

Sentía el corazón roto pero por ningún motivo se quedaría un minuto más en su casa, así que tomó las llaves del auto y vagó un poco por la ciudad que estaba aprendiendo a amar. No quería pensar y no tenía porqué hacerlo, esta era su noche y le sacaría todo el provecho posible, aunque tuviera que exprimirla con el alma y sus latidos.
Se detuvo frente a un elegante bar, en el que no iba a resultar extraño que alguien tan atractivo y bien vestido como él fuera sin compañía a tomarse un trago. Respiró profundamente antes de bajar de su coche, con un movimiento leve eliminó las pocas motas de polvo de su pantalón y distraídamente pasó su mano derecha sobre su cabeza para acomodar sus rizos.

Entró y se sentó en la barra, un poco sorprendido de que el establecimiento estuviera casi vacío. Que importa, pensó, hoy no quiero multitudes. Pidió al cantinero un whisky sin hielo y un cenicero mientras observaba a la gente del lugar: en una mesa había una pareja con una botella de vino… se tomaban suavemente de las manos. En otro lugar estaban reunidos cinco jóvenes, todos de trajes obscuros, al parecer festejaban algo, ya que brindaban con cada sorbo y reían fuertemente. En un rincón estaba un hombre de alrededor de cincuenta años que no dejaba de observar a los jóvenes, sonriendo de vez en cuando y tomando aquel líquido ambarino que tenía enfrente.

Pero lo que definitivamente acaparó su atención fueron tres cuerpos al final de la barra: un hombre y dos mujeres. Él, alto, con ojos grandes y un magnetismo animal incomparable. Ambas mujeres eran morenas, seductoras y con una atracción no tan grande como la del ejemplar que las acompañaba pero irresistibles. Tenían un ligero parecido con diferencias abismales: una de ellas con un corto vestido rojo que dejaba su espalda descubierta,coqueta, con el cabello corto… parecía una mujer de mundo, sexy, capaz de tomara un hombre por la espalda y susurrarle al oído lo que haría con él. La otra, con un vestido negro, un poco más largo. Con una inociencia bastante atractiva, el cabello castaño a media espalda, suelto…. una niña atrapada en un cuerpo listo para la lujuria.

Pensó que ahí habría un espacio para él, llamó al bar tender y les mandó otra ronda de tequila, el cual las mujeres agradecieron levantando los vasos y el hombre sólo atrapó sus ojos. Interpretó esas miradas como si el macho marcara el territorio, defendiendo a sus hembras… que equivocado estaba.

Venció la vergüenza –ó quizás tomó lo suficiente- y se acercó a ellos. Las damas se presentaron y platicaron un poco con él mientras el caballero seguía bebiendo, intercambiando fugaces sonrisas con alguna de ellas pero sin tomarlo en cuenta. Eran bastante interesantes aunque le recordaban a dos gatos que elegantes se enroscaban enlas piernas de su dueño.

Hubo whisky, después tequila y al final pidieron vodka. Insistió en que siguieran en un lugar más privado pues el bar estaba a punto de cerrar; aceptaron sin dudar, lo que fué realmente emocionante pues él ya había hecho su elección, el único problema sería como deshacerse de los otros dos…. No fue mucho problema, pues los jóvenes de traje obscuro rápidamente acogieron a los rechazados. Sin decir palabra subieron al carro… quiso entablar plática pero todo intento era cortado pues solo obtenía monosílabos como respuesta, hasta que pensó “al diablo! Si estamos hablando de deseo, eso tendremos”. Subieron a la habitación, encendieron la luz y se vieron fijamente a los ojos.

Lo tomó entre sus fuertes brazos, haciendo énfasis en la diferencia de alturas. Cerró los ojos y quiso dejarse llevar por la fuerte atracción de los carnosos labios de su conquista, pero él se alejó con un leve movimiento. Ante ésta negativa optó por colocar sus labios sobre el cuello, asomando ocasionalmente su lengua cada vez menos tímida. Fue despojado sutilmente de su camisa azul celeste, mientras que otra boca cubría cada centímetro que la tela abandonaba. Recorrió su piel morena concada uno de sus sentidos, mientras se aproximaba cada vez más al sur del hermoso cuerpo que tenía al frente. Desabrochó el cinturón con una emoción apenas contenida mientras el elegante pantalón negro caía por esas columnas quehumildemente eran llamadas piernas... muriendo por la necesidad de complacerlo y explorarlo antes de que la pasión los inundara a ambos. De repente ante sus ojos vió el territorio más hermoso que pudo haber imaginado jamás: un paraíso poblado por un duende solitario que se erguía orgulloso, cuidando dos ollas repletas de oro. Suavemente lo aprisionó con sus manos y lo guió hacia su boca; lo recorrió suavemente con su lengua antes de introducirlo completamente. Los gemidos que escuchaba lo alentaban a succionar cada vez más fuerte, sentía como el miembro crecía cada vez más y la respiraciónse agitaba.

Su excitación rebasaba los límites de lo conocido, pidió tomar y ser tomado, entregarse con la pasión que enloquecía sus sentidos…quería que calmara el fuego que carcomía sus entrañas. Quería dar rienda suelta a la lujuria que su acomañante inspiraba, quería que llenara su ser, que se vaciara dentro de él. Hicieron todo lo que su imaginación les permitió... y un poco más. Cayeron rendidos en el lecho, con una sonrisa en el rostro.
Abrió los ojos y se dió vuelta para abrazar el excitante cuerpo… sólo encontró una tarjeta con un número telefónico.

"Si yo fuera hombre, sería homosexual".

Poder de ejecución


Desde donde me encuentro, las cosas se ven distinto.

La miseria humana, incluso, me da cierta emoción porque estoy en espera de que me den poder de ejecución.

Cuando pertenecí a otro plano y omnubilado viví mis tiempos, sufrí tanto los estragos del contacto humano. Me sentí hasta devastado por ser testigo de cuánto el hombre inventó para justificar su pobreza de alma, de todo el sufrimiento que ha sido capaz de emplazar sobre sus semejantes y los desastrozos estragos que forman lo que les gusta entender por Historia.

Aún recuerdo que llegué a dudar tanto sobre lo que era correcto y no, parecía tan fácil e impune el inmoral proceder de los demás que pensé no pocas veces que era yo el que estaba mal y lamenté mi torpeza para participar en el campo de los hombres, aunque en ese entonces, era yo uno de ellos, un humano atormentado y reticente que no sabía a donde moverse en un mundo tal dominado por el egoísmo y la violencia.

Pero, hoy, desde este nuevo espectro de existencia todo lo veo diferente. Todo pareciera tener una justa medida y la oportunidad que se me da es el regalo más grande que jamás habré esperado. Por primera vez he sido incluído en el plan, esta vez de hecho, en el gran majestuoso y único Plan. Y lo agradezco.

Desde donde estoy lo único que ahora lamento es no poder comunicarme con algunos que como yo, cuando estuve en su terreno, sufren por no entender cómo es que la injusticia es la que rige ese planeta, pobres mortales que viven en la sosobra del alma al verse rodeados de tragedia provocada y de una crueldad sin mesura obra directa de la ambición y la estupidez absolutas.

Porque todos en esa tierra tuvieron alguna vez la oportunidad de juzgar sus propias obras y de distinguir el bien del mal, todos de alguna manera y a través de una diferente voz fueron enseñados sobre el proceder y su valor, se les fue mostrado incluso la probable consecuencia de sus actos que dependería solamente de una decisión, de un sí o un no, de ordenar u omitir. Sin embargo, la gran mayoría descansa cómodamente sobre su egoísmo y mezquindad y prefiere distraer su mirada hacia el brillo de su riqueza material ignorando el eco de un sufrimiento generalizado que se volvió hace muchos milenios... permanente.

Y yo, que fui hombre, como algunos pocos nunca logré entender por qué.

El ruido del absurdo es tanto, que no deja escuchar ya nada sobre la tierra, la voz del sufrimiento se confunde con la del gozo y la tragedia y el milagro y se han fundido en un mismo hecho que pasa totalmente desapercibido para los mortales que caminan sobre la superficie de su globo como perdidos, levantando los restos de sus propias vidas para intentar sobrevivir, a veces engañados con un espejismo de seguridad, a veces totalemente derrumbados por la angustia de una incertidumbre absoluta.

Y se los han dicho a todos, sus religiones, sus pensadores, sus textos, sus resultados... se los han dicho una existencia entera. Pero si antes nadie escuchó hoy ni siquiera existen los oídos para hacerlo.

Yo fui hombre y sí entendí. Pero fue tanta la adversidad que se me hizo dudar, fue tanto el acoso que perdí y deje de creer.

Cuando estás vivo, cuando habitas la tierra, se te dice también que de ser fiel a los principios básicos se te dará una gran oportunidad en lo que los humanos llaman Más Allá. Nadie lo cree. Incluso yo no lo creí. Es tan absurdo y ridículo donar esperanza a una causa puramente espiritual cuando todo lo que rodea es crudo y burdo. Pero sorpréndete Tierra porque lo que está por venir, lo que le es ofrecido a los espíritus que no fueron comprados cuando vivos, es más grande y retributorio que cualquier cosa que un pobre hombre pudiera imaginar.

Cuando abandoné el plano mortal me fue fácil hacerlo por dejar atrás toda esa incomprensión en la que existí, sumido en el no comprender cómo mis semejantes convertían su propia existencia en tal espectaculo de infortunio y sordidez. Fue por eso que fui bienvenido en este plan, fue por eso que mi alma fue escogida y se me da esta inmensurable opción.

La voz de la Creación me acogió en su horda, me dio indicación y un espacio en el tiempo de la Tierra, un lugar por el cual volver pero esta vez sin miedo, sin duda, entendiendo perfectamente el por qué de mi razón y mi misión.

Se los digo; Llegan tiempos difíciles para quien se dejó perder.

La voz me dijo; Serás Ángel, tendrás el poder de ejecutar, serás la justicia del Universo en la Tierra, verdugo y cuidador, serás ambos, serás todo, serás Yo.
Pero decide. Qué ángel quieres ser.

Solazado, no dudé. Aquí mi oportunidad y mi motivo. Yo lo sé. Ya lo sé.

Si yo fuera Ángel

...

sería Demonio.

Y aquí estoy,

Hoy tengo el poder del fuego.

Entonces fui feliz

El domingo tuve dos momentos de felicidad, hacia tanto que no me sentía así que todavía conservo la sensación.

En el jardín de mis papás hay una mesa de trabajo para arreglar plantas, mi mamá tiene un pequeño vivero. Yo plantaba una palma en una maceta grande, cuando de pronto la luz de las dos de la tarde se colo entre las ramas del árbol de naranjo, bajo el cual esta la mesa donde yo estaba, me hizo voltear hacia arriba y vi con el resplandor las manchas amarillas que formaban las naranjas, en el camino me encontre con la variedad de hojas verdes y amarillas, y las flores de colores de las violetas y los tulipanes que tenia enfrente.

Todo comenzó a brillar como película holliwoodense. Escuche a mis sobrinos reír y correr por el jardín, después llegaron los tres y me ayudaron a plantar dos ficus en unas macetas de barro color chocolate, nos reiamos y nos llenabamos de tierra las manos, en ese momento fui feliz.



Trate de mantener ese sentimiento todo el día, cuando llegue a mi casa por la noche me senté a ver la televisión, estaban transmitiendo la entrega de los grammys, y justo anunciaban a Radiohead, y con un fondo de luces azules vi salir a Thom Yorke cantar 15 steps (se los comparto).

No puedo describir porque razón senti que se me erizaba la piel, y como si hubiera sido el segundo orgasmo en el día, con cada tamboraso y brinco de mi novio, nuevamente experimente el ser feliz.

Esto no es cuento, es la verdad.

Si yo fuera capaz de lograr mi felicidad, mantendría estos dos recuerdos el resto de mi vida.

Con esto me confirmo que la manera de ser feliz es bajar las expectativas con respecto a lo que pretendemos nos dará la felicidad.



One by one

One by one

It comes to us all

It's as soft as your pillow

Obra en proceso

En Cuentaletras siguen las máquinas trabajando. Pero, con todo y tierra por las obras de remodelación, seguiremos publicando.

Los martes son de NTQVCA... y ella comienza
.

En remodelación. Próxima reinauguración.

Te estamos cocinando algo bueno.

Los Designios Del Videotape

Esto es, por mucho, lo más raro que me ha pasado. Y vaya que me han sucedido cosas extrañas, como aquella ocasión en que unos extraterrestres me abdujeron; o la vez que un ruso loco me entregó una caja con uranio enriquecido, incluidas las instrucciones ─inútiles, por aquello de los caracteres rusos─; otra situación irrisoria fue cuando una horda de mujeres locas me correteó por un callejón, sin motivo aparente, hasta que me gritaron, todas, mi nombre; una situación de susto fue cuando una pelota comenzó a botar lentamente, hasta alcanzar alturas excesivas; también recuerdo que un perro callejero me habló ─aunque eso lo atribuyo a la excesiva ingestión de canabis que tuve esa mañana─. A qué me refiero con “lo más raro que me ha pasado”, pues, estoy parado a medias de un centro comercial, con una cara de imbécil desquiciado, a risa y risa. Pero, vamos por partes.

Hace algunas semanas, en un centro comercial, me topé de frente con un tipo que a leguas se veía nervioso, más bien asustado, sus ojos casi en blanco y con señales de no haber dormido en días, además de una palidez tirando a leche. Se me acercó con una pequeña sonrisa un tanto sarcástica diciendo, “¿Quieres reírte como nunca en tu vida?” ─. Aquí cabe señalar que soy una persona muy cínica; adoro burlarme de los males de los demás─. Mi sonrisa fue cómplice de aceptación, el tipo, sin mediar otra palabra, me entregó un video. Se retiró corriendo, brincando.

Llegué a mi casa y me senté en el sofá. Saqué el video de la mochila y lo observé. No tenía etiquetas de ninguna clase, nada de marcas ni siquiera un código de barras o el logotipo de alguna cadena de videoclub. Comencé a especular. “Será un una de esas colecciones de videos chuscos, la pelota en la ingle, una persona cayendo de bruces, un tipo quemándose, un asesinato, una violación”. Enseguida me dirigí a la videocasetera, y antes de colocar el video me pregunté “¿Y si le cae un virus a la video? No seas idiota” me respondí. Ese argumento del virus, aunque pareciera un tanto inverosímil, hasta estúpido, no lo es. Lo atribuyo a un miedo interior, a una especie de “cuidado”, al “¿y si esto, o aquello?”, que todo mundo se cuestiona ante algo que es, hasta ese momento, anterior a una acción, desconocido. Coloqué el video y me senté en el sofá. Con el control remoto puse el play y aparecieron en la pantalla las barras de colores junto con un beep agudo, para enseguida ponerse la pantalla en negro, ¿mal augurio? Puse pausa. Fui por una cerveza y reanudé la cinta. En la pantalla, negra, apareció una leyenda en color rojo sangre: “Y ahora que usted va a morir...”

Presioné pausa nuevamente. Comencé a ponerme nervioso. Supuse que era uno de esos videos snob, en los cuales se muestran imágenes, supuestamente reales, de asesinatos, violaciones o mutilaciones. Claro que soy una persona cínica, morbosa, pero nunca había llegado a ese punto. Varios minutos después presioné play en el control y en la pantalla apareció un tipo vestido con traje negro y comenzó a hablar: “Y ahora que usted va a morir... Aquí le mostraremos, bueno, para entrar más en confianza, aquí te mostraré lo que tienes que hacer durante tu muerte, sea del modo que fuese. En primer lugar nada de dramatizaciones, Tomás, ¿te llamas Tomás, verdad?...” Presioné el stop del control remoto. Estuve paralizado un momento. El tipo de negro sabía mi nombre. Mi mente comenzó a cuestionarse sobre lo acontecido. Pensé en una broma, de pésimo gusto, por cierto, de parte de mis conocidos. Pudiera ser una coincidencia. Pudiera ser lo que fuera, pero yo no estaba convencido de que un tipo, salido de un video y proyectado en el televisor me llamara por mi nombre. No volví a encender el televisor por varios días, aunque mi mente no dejó de pensar en esa situación por la misma cantidad de tiempo.

Una tarde, cuando ya no podía más, me senté frente al televisor y presioné play. El mismo tipo estaba sentado en un sofá, distraído. De repente volteó hacia donde, en una situación normal estaría una cámara en un trípode, pero, dadas las circunstancias inauditas de relación protagonista-televidente, su mirada se dirigió hacia un sofá, a través de la pantalla del televisor, donde yo me encontraba con una cara de imbécil trastornado y a la vez fascinado. Comenzó a hablar: “Me da gusto que hayas reanudado nuestra comunicación, recuerda que al mal tiempo, darle prisa, ¿no crees, Tomás? Enseguida te voy a mostrar varios tipos de muerte que a ti te corresponden. Claro, te preguntarás a que me refiero con eso. Tiene lógica. Tú no vas a morir de cáncer en el pulmón, nunca has fumado, así como tampoco morirás de una enfermedad hereditaria, ya que no tienes registros de padecimientos en tus generaciones anteriores. Podrías morir de cirrosis hepática, pero... qué aburrido, ¿no crees? Imagínate varios días en un hospital. Ni al caso. Tu vas a morir de una manera trágica, qué digo trágica, violenta, esa es la palabra”. Enseguida, el video, mejor dicho, el conductor del mismo, me mostró una docena de accidentes en los que yo era el protagonista: Un avionazo, en el cual mi cara proyectaba una viva imagen del verdadero terror; un choque automovilístico, donde mi cabeza salía disparada del parabrisas de mi auto; en otra imagen, mi exmujer me cercenaba el miembro hasta desangrarme; una más de las situaciones mortales, por así decirlo, mi perro, un doverman, se volvía loco y me atacaba. El conductor del video, al finalizar aquella masacre televisiva, donde yo era el protagonista, pronunció unas últimas palabras, “Ahora sí, Tomás, ¿cuál método prefieres?”. Evité contestar aquella pregunta, aunque nunca interactué de forma verbal con el personaje de la película de mi muerte, era intrínseca nuestra comunicación.

No se necesita un exceso de neuronas para crear una agenda futura donde se incluya: Sacrificar al perro, o en su defecto mandarlo con algún conocido; por otro lado, evitar, a toda costa, tener contacto con mi exmujer; así mismo no viajar en avión y evitar el automóvil.

Mi plan surtió efecto por algunos días, hasta que una tarde se apareció mi exmujer. Como pude le cerré la puerta en su cara, pero no contaba que nunca cambié las cerraduras. Entró y con una dulce voz, que más bien parecía de burla, me dijo “ven Tomacito, en serio quiero hablar contigo”. Yo, apegado al plan, la evité hasta que su pequeña blusa, sugestiva, así como la leve minifalda terminaron por convencerme. Me coloqué a una distancia prudente. ¿Estupidez?

Pasé tres días en un hospital. Casi me cercena al pequeño tomacito, pero por dentro sonreía. Había burlado los designios del tipo en el video. Una vez curado, aunque no del susto, tomé el video y me dirigí al centro comercial.

Pues, aquí estoy, parado a medias de un centro comercial, con una cara de imbecíl desquiciado, a risa y risa, esperando algún incauto a quién pueda entregarle el video. El prospecto viene hacia mí. Me le acerco con una sonrisa, un tanto sarcástica y le digo: “¿Quieres reírte como nunca en tu vida?”. El tipo esboza una pequeña sonrisa, lo que para mí es una aceptación. Le entrego el video y me retiro corriendo, brincando, a risa y risa y diciendo “Pobre Imbécil”.

Llego a mi casa, todavía con la risa burlesca imaginándome al tipo escuchar las palabras “Y ahora que usted va a morir...”. Me siento en el sofá, enciendo el televisor para ver, ahora sí, programación común y corriente. Tocan a mi puerta, abro. Un tipo nervioso, más bien asustado, sus ojos casi en blanco y con señales de no haber dormido en días, además de una palidez tirando a leche, me entrega un video y se retira. Introduzco el video en el reproductor y me siento en el sofá. Presiono play y aparecen las barras de colores con el beep agudo. La pantalla se torna negra para enseguida aparecer una leyenda de color rojo sangre: “Y ahora que usted ha muerto...”.


Carlos Martin, el Director
Julio 2002